En los últimos años, repensar el museo nos ha llevado a cuestionar sus límites y su potencial para influir en la vida de las personas. Si el museo es un medio, y no un fin, involucrar a los ciudadanos en su misión es, sin duda, una vía para construir un legado positivo y perdurable que trascienda, e incluso olvide, su vinculación con la institución. Es esta función social del museo, su papel como motor de cambio, canalizador de experiencias y conocimiento, la que nos recuerda que el objetivo último de éste es el desarrollo de la comunidad. Ahora bien, ¿están los museos preparados para asumir semejante responsabilidad? ¿De verdad es el acceso a participar en la vida del museo una oportunidad para crear ciudadanos más felices y comprometidos con su entorno?

Revisaremos prácticas de empoderamiento a través de programas de voluntariado, campañas de captación de miembros y estrategias de fidelización, y exploraremos como estas son capaces de beneficiar a la comunidad trascendiendo los intereses tradicionales del museo. También valoraremos la importancia del diálogo y la autocrítica en la construcción de una experiencia participativa y analizaremos la viabilidad de utilizar el museo como laboratorio de ideas innovadoras en materia de sostenibilidad social y medioambiental. Por último, cuestionaremos la legitimidad de la institución a la hora de abordar su nuevo rol de dinamizador social. ¿Es el compromiso social una manera de acercar el museo a las necesidades de los ciudadanos o no es más que una nueva forma de colonización cultural?